lunes, 29 de agosto de 2011

Vivencias con mi padre

"Nadie se muere de verdad si queda en el mundo quien respete su memoria."
Juan Bosch. Educador.

Vivencias con mi padre
Sería médico.
Eso quería mi padre. Buenas intenciones paternas. Y en ese colegio de pago, con un gran sacrificio económico quiso prepararme para ello.
Soñaba mi padre con que yo continuaría su camino y aspiraba a lo que él no puedo terminar: ¡sería médico!.
Tenía mi bata, mascarilla y gorro, para entrar en el quirófano de mi tío, el Dr. Martínez Oña.
Desde pequeño, quiso enseñármelo todo, recuerdo que me explicaba los pequeños detalles. Yo a él, le oía y entendía muy bien… sería que me hablaba con cariño.

Acompañándole en su Vespa, visitando sus pacientes en el Alquián, me enseñó el verdadero sentido de la solidaridad, en tiempos donde la gente no podía pagarse una simple medicina.
Vi la dura imagen del hambre. Observé a una madre masticar, sólo masticar, su única comida para después, dársela a su bebé. 
Gente muy pobre pero con mucha dignidad. No le podían pagar, pero:”llévese esos tomates, una lechuga, o este conejo del corral…”, única forma de agradecer curas que salvan vidas.
También, me vacunó contra todo tipo de violencia. Sus vivencias de la guerra y de lo que vino después, eran dramáticas.
Quizá mi padre pudo ser muy rico como sus compañeros de profesión, pero eligió lo más duro y difícil: servir a la sociedad. Lo llevaba en la sangre… lo llevo en la sangre, por mi padre... lo llevan mis hijos y espero que todos mis descendientes.
Pero, La Salle… fue la peor época de mi vida… sotanas negras, soberbia, prepotencia, además de elitismo, les impidió atender mis limitaciones como alumno sordo, hijo de un simple practicante. Bofetadas, burlas, castigos, desprecio… una verdadera pesadilla. No se lo contaba a mi padre y cuando hace poco, antes de irse lo supo, no imaginé verlo tan indignado y "cabreado".
Y los hermanos de “La Salle”, decidieron y sentenciaron: yo era “subnormal”:
¡NO SERVÍA PARA "ESTUDIAR"!.
¡Pobre padre!... ¡pobre yo!.  


Aprender un oficio.
Es la salida que le dieron a mi padre. Y para aprender un oficio, entré en la “Escuela de Formación”.
Cuando observaron mi sordera, usaron el sentido común: simplemente, me sentaron en primera fila. Me preguntaban si tenía dudas… me ayudaban con ellas, sobre todo, si era por no oir bien la explicación… ¡sólo necesitaba eso!.



…. Que os seguiré contando… cada día una cosa. ¡Gracias Paco y Trini!

1 comentario:

  1. Soy de la opinión de los recuerdo, unos mejores y otros no tanto, deben de permanecer siempre en nuestra memoria, a fin de cuentas son parte de nuestra vida y su huella suele forjarnos como personas.
    Un abrazo.

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