viernes, 2 de septiembre de 2011

Vivencias con el arte... el séptimo.

No hay peor sordo que el que no puede oír; pero hay otro peor, aquel que por una oreja le entra y por otra se le va”
(Baltasar Gracián)

El cine me gusta, pero nunca lo he entendido... oído.
La mejor anécdota.
Recuerdo la única vez (siempre estaba en al sanatorio) que me llevó mi padre al cine, una terraza de verano, por el año 1965 o 66. Me dijo: Vamos a ver una película que te va a gustar. Se llama "El dedo en el gatillo". Le contesto: ¿Que tiene de película, poner un dedo en un gato?. No lo olvido. Tardé un rato en entender la risa de mi padre. Pero en mi mundo, no interpreté lo del "gatillo".
Recuerdo la cola para entrar, la policía a porrazo limpio manteniéndola... pero lo único que entendí y oí, fueron los tiros.


Desde entonces, cada vez que voy al cine, me leo antes la novela. Y aún así...

La única que me ha asustado:
Cuando se suponía el final, ¡pegué un bote en el asiento del cine Reyes Católicos!.

La única historia que me ha emocionado:

La única banda sonora que he "entendido" (en el vídeo y con auriculares) y...  ¡se escapó una lágrima!.
La música de Enya me entró en el alma

Con la única con la que más me he reído. Ante me leí la novela.

La que más me ha divertido y no me cansa de volver a ver. Y me he leído por lo menos tres veces todo lo escrito por Tolkien, su autor.

Y la más genial de todas. Será por lo de cine mudo... o casi.


Mañana, si puedo, otra cosa...

1 comentario:

  1. Lo cierto es que antes era mas cinefilo que ahora, de joven iba mucho y sobre todo disfrutaba muchísimo con las terrazas de verano, eran una pasada, no habré visto yo películas de romanos o vaqueros es esa época, en la terraza norte o la del cine imperial.
    Un abrazo.

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